Si la vida es esto, es una pura algarabía.
Siento cascabeles en el pecho
y un ansia loca y pausada de respirar…

Si la vida es esto, cascabeles y aire fresco,
es que estás tú. No hay más.

I.

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¡Hola mundo!

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El santo oficio

 
 
Es el santo oficio de la espera, la dedicación en la espera, la devoción
y la convicción de cuánto se quiere lo que nos tiene aquí
cansados y felices, luego de la última curva de las vueltas que da el destino
ratón loco cósmico que se ríe tanto de nosotros en el trayecto pero al final
nos deja donde lo solicitamos, si lo hicimos con fervor…
 
Y ahora a esperar otra vez, en el oficio de la santa espera
esperando que la espera no sea larga, a esperar
que este estado de gracia absoluta se derrame en lo demás
y nos deje disfrutarlo a plenitud 
Y a esperar otra vez, después de eso, porque siempre habrá algo que esperar
y porque la espera es generosa y nos va dejando sorpresas 
en espera de que las hallemos por el camino 
Vivo en el santo oficio de la espera, espera santa, oficio santo de esperar
que me reviste el desencanto de esperanza. 
Iliana. 
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El Atajo

Una mañana como tantas de nosotros iniciamos el viaje. Preguntabas aún cosas del estado del tiempo y te asegurabas de que estuviera bien cuando no sé cómo, llegó. El atajo. Oí tu pregunta fragmentaria pero la respuesta se perdió entre los jirones del aire de la puerta, que traspasé en una corriente tibia y veloz, alejándome del alcance de tus palabras sobre esa ola de energía inusitada. Estabas ahí conmigo, pero no. Extrañamente sentía tu presencia junto a mí, al remontarme en la ráfaga que me conducía al paroxismo. Por instantes noté que el contacto era distinto, como en otra dimensión de espíritu y pensamiento, a donde te llevaba conmigo mientras la realidad física permanecía prácticamente igual. Y volábamos a veces, y otras parecíamos flotar brevemente mientras íbamos de un umbral a otro. Donde antes había puertas, lo sé sin haber estado ahí jamás, ahora el vano de la entrada estaba franco y nos internábamos en él con la inercia del viaje. Hubo puertas ausentes que crucé sola al inicio, para jalarte conmigo inmediatamente después. Y los colores, los olores, las formas danzaban en su mágica coreografía en cuadros sempiternos que miraba por primera vez. Reconocía y me asombraba de reconocer, segura de no haber estado ahí nunca. La belleza de alrededor era magnética, estaba imantada y emitía ondas más allá del sonido o de la percepción, que sin embargo nos inundaban a raudales. Era el viaje de las drogas que nunca tomé, de los chamanes que jamás me iniciaron. Yo era Alicia y me adentraba en el túnel pero no estaba bajo tierra, ni había conejos que perseguir. Había dimensiones que aprehender y el tiempo apremiaba. La alegría y la sorpresa me dejaban muda por momentos, o me hacían recitar letanías dulces y remotas, comentar con palabras que apenas descubría entonces y llamar, y expresar a pedazos mantras misteriosos. Todo esto salía ya de mi boca cuando lo noté, era una canción desconocida y repetitiva que cantaba las maravillas de los umbrales y los espacios. Me cantaba a mí una canción para ti, que creo que oías como un murmullo acercado o alejado por el viento cálido que nos llevaba. Nos remontamos, nos extasiamos de luz y colores. Y salían de mí torrentes imparables como expresión de esa experiencia mágica. Era como llorar con el cuerpo de felicidad y de asombro, de reverencia y júbilo. Celebrábamos vida, y el viaje, el descubrimiento, y todo era eso: celebración de vida. Embriaguez de vida, éxtasis de vida, vida autónoma que explota en mil sensaciones y recrea mil desconocidas y arcanas realidades a la caída de las puertas y el resplandor de los vanos. Vida vertiginosa que nos deja sin aliento y nos muestra el misterio del origen y el final, de la esencia sin tiempo ni razones. 
Iliana
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Ojos

Gélido día que llega de nuevo cuando aún las hojas no acababan de plegarse
las promesas de los ciclos y los tiempos ¿dónde están?
son mis ojos pergaminos 
sólo gotas de vacío en el vacío hueco de los huecos 
y el reloj en el pecho que se desgarra un poco con cada tic tac 
busco entre las sombras la huella húmeda del día que se resiste a no venir 
y llega seco
sólo la luna mira redonda allá, en las alturas
y sólo es húmeda esa redonda gran gota que cae y moja y cae y moja 
y cae
desde ese enorme ojo de la luna o desde ese otro ojo posado en ella
incrédulo y ardiente, entornado ojo de dragón. 
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Cardinal

 
 
Que el caos reine y caigan las bolsas
que no sea viable ya el paseo a la Riviera
que los hombres de negocios luchen
con sus estados financieros
y sus grandes empresas hagan agua
que la gente vaya y venga como un puñado de locas hormigas ciegas 
 
Que los consultorios de los psiquiatras se atiborren
y los brujos new age engorden sus bolsillos
que en lugar de Palacio las mujeres sean
totalmente Adefesio, qué más da…
 
Mientras, a mí sólo me importa la cardinal tarea
de no salir de tus brazos
ni perderme un latido, ni un suspiro, ni un momento de ti
aunque azoten las puertas desde afuera…
 
Iliana.
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En el Alambre

 
 
Es posible que esté en el alambre sólo por un breve lapso
o haya estado dos años
o dos lustros
o siete
lo cierto es que nunca antes sentí su huella
clavarse tan profundo en las plantas de mis pies…
 
 
Equilibrista
Carles Ballesteros
 
 
 
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